lunes, 8 de septiembre de 2014





Andar de noche.

Una libreta salvada de las llamas, una pasión sin tiempo y de muchos nombres,  llegó a las manos de Sir Richard Francis Burton durante la incursión en territorios de la guerra de la triple alianza. A catorce leguas de Asunción en un pueblo cerrado a los valles cercanos, resguardado a un lado por un tributario del río Paraguay, el Caañabé, y una cadena de fangales prácticamente imposible de vadear por el otro, el agente inglés copiaba prolijamente imágenes de esa libreta sentado en el cerro Mbaé. Una de esas imágenes esgrafiadas por Burton inicia la casa telepática: el hombre jaguar.

Mbaé puede traducirse del guaraní como fantasma. La violenta marea de las fronteras es una acústica en el lapso de las imágenes. Las imágenes que necesitan texto están perdidas. 

Cuando Cándido readaptaba su mano, en ese pantano de la guerra, sintió temblores en su derecha fantasma. Acordonaba el resto de brazo para que no se le volara la imaginación en esos cinco dedos del más allá y si bien el sistema le dio algún resultado no pudo evitar caer en la representación como fármaco, pintando manitos en pequeños pedazos de tela que llevaba al bolsillo.  Con el tiempo  las manitos dieron lugar a otros dibujos,  un arma, un sol, un pájaro, una nube era  garantía de lo mismo.

La imaginación en vías de telepatía es una doble entrada, muchas veces simultánea, al abandono y a la práctica. Ese origen y esa diferencia son resonancias de un cuerpo que se disuelve sin desaparecer.

La cama se dio vuelta como un bote. En la densa oscuridad las apariciones se mostraban flotantes, entre tiros y voces extrañas.  Los combatientes enervados en esa ramita de fusil atentos a las señales que circulaban por el Paraná. Las lecturas orientales de Burton irradiaron la selva paraguaya y al tigre que husmeaba en el campo de batalla.  

El jaguar es un cazador aleatorio, mantiene el ecosistema en tensión vital regulando especies, entiende la biodiversidad. El chamán entra al jaguar con el Yajé. El sueño de un cuerpo que transmite otro cuerpo. Dibujar a ciegas en una cámara que transfiere es el tiempo, una medida itineraria como la legua. La casa telepática entra a la telepatía con el dibujo.

Los vapores de mercurio son un recuerdo escampado en la intimidad del soldado López, ya ausentes le siguen dilatando los cartílagos. Un fallo límbico.

jueves, 4 de septiembre de 2014